Hoy hace 3 años que
nuestra Evita acudía al Hospital Modelo de La Coruña para ser
operada de amígdalas y vegetaciones. No estaba nerviosa, no tenía
miedo; al contrario, estaba feliz porque al fin le iban “a quitar
las bolillas” que tanta lata le deban. Esperamos en la sala de
espera para que nos dieran habitación; y allí, como siempre, hizo
“amigos” hablando y hablando, su gran especialidad.
Unos días antes hicimos
las típicas pruebas del preoperatorio. Casi iba yo más nerviosa que
ella...
- Eva, ahora te van a poner unas pegatinas por el pecho con unos cables, es para saber qué tal late tu corazón, pero no te preocupes que no hace daño, eso sí, tienes que estar muuuuy quieta y calladita ¿podrás?.
- ¿Mucho tiempo?
- No, un ratito.
Lo hizo fenomenal.
- Ahora te van a poner una especie de pulsera grande en el brazo que se va a hinchar como un globo y te va a apretar mucho el brazo, pero tú tranquila que enseguida deja de apretar.
- ¿Y si explota?.
- Nooooo, no te preocupes.
Ni se inmutó.
- Ahora toca hacerle una foto al cuerpo por dentro. Sólo tienes que estar muy quieta otra vez ¿vale?.
- ¿Sonrío?.
- No hace falta, pero si quieres...
Muy bien, prueba también
superada. Ahora viene la peor parte -pensé- el análisis de
sangre...
- Bueno, ahora toca un pinchacito en el brazo, Eva. Te ponen una goma un poco apretada en el bracito y te pican; duele un poquitito, como un pellizco, pero si estás quietita y te portas bien, pasará pronto y luego de premio nos vamos a desayunar algo muy rico. Tienes que ir tú sola con una enfermera, yo te espero aquí, pero como eres muy valiente, seguro que lo vas a hacer requetebien.
Yo la escuchaba hablar
con las enfermeras, como una cotorrilla:
- ¿Cómo te llamas? -oigo que le preguntan.
- Me llamo Eva, tengo 4 años y me van a sacar las bolillas.
Cuando la vi salir
corriendo, con una sonrisa de oreja a oreja... ¡¡aluciné!!.
- ¡¡¡Mira, mami, me han puesto una tirita y no me ha dolido nada de nada!!!
- ¡¡¡Ay, mi niña, pero qué valiente has sido!!!
Hasta salió la enfermera
a darme la enhorabuena por lo bien que se había portado y a decirme
que era muy simpática. Pues claro, una vez más, “haciendo
amigos”.
Por fin nos dieron la
habitación. Cuando la vinieron a buscar para bajar al quirófano,
sin saberlo, me estaba despidiendo de su sonrisa. Fue la última vez
que la vi sonreir. Iba subida en la cama, con su inseparable peluche de
Mickey Mouse al lado y con el mando para accionar la cama en la mano, a
modo de volante. Quien vino a recogerla le dijo que tenía que
conducir ella dándole a los botones para girar a un lado o al otro.
Se fue feliz. Con su sonrisa...
Cuando nos llamaron a la
habitación para decirnos que todo había salido bien, no sabíamos
que el anestesista, José Luis Rodríguez Núñez (que continúa
trabajando en el Modelo), le administró un suero durante la
intervención que está proscrito por la inmensa mayoría de la
doctrina científica en operaciones a niños, por las frecuentes
complicaciones que ocasiona. En el caso de Eva un SIADH, que devino
en una bajada de sodio en sangre muy grave (hiponatremia severa).
Llegó a la habitación
dolorida y adormilada, pero bien. Vimos “Bucea Olly”, “Bob
Esponja” y algún dibujito más en la tele. Pero al cabo de unas
horas, en lugar de ir a mejor, cada vez estaba más ausente, más
arreactiva, como ida. Ese día a las 21:30 h. empezó nuestra
terrible pesadilla.
De ese 29 de abril me
quedo con su valentía, una lección para todos los miedicas que
tenemos que ir al médico o a hacernos pruebas; me quedo con el
recuerdo de su inocencia, su sempiterna alegría y, cómo no, de su
última maravillosa sonrisa.
Pase el tiempo que pase,
el recuerdo de nuestra Evita estará vivo y muy presente en nuestra
mente y en nuestro corazón SIEMPRE... ¡¡SIEM-PRE!!.








